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Trazando líneas

Anoche estaba asomado a la ventana fumándome el último cigarro de la lista. La Avenida estaba tranquila y vi la luna de nuevo. Siempre me ha gustado la luna, a veces soñaba con que vivía allí y lloraba porque no la veía en el cielo. Es como París: el único sitio donde no ves la torre Eiffel es en el interior de la propia torre Eiffel.

Mirándola tracé una linea recta imaginaria y desemboqué en lo que ahora es la biblioteca. Entonces empecé a recordar cuando allí no había más que una fábrica de cemento e íbamos de críos a los huertos y descampados que había en búsqueda de gorriones. Eran tiempos en que quedabas despues de los dibujos y las tardes caían rápidamente. Eran momentos en que la inocencia que formaba parte de ti te daba esa felicidad que la experiencia te ha quitado en muchas ocasiones. Allí quemábamos los días entre bolsas de pipas, polos de 10 pesetas e imaginación para sentirte lleno con lo que hacías.

Recordé como te ibas corriendo cuando llamabas a aquella niña que te ponía colorado y ella se giraba, como deseabas que fuera tu cumpleaños con la ilusión de tener el nuevo coche de “majorette” o el nuevo playmóbil, como ibas al médico a vacunarte y leías todos los carteles y folletos que había.

Cuando empezaron a construir la biblioteca, ya eramos más mayores, ya empezábamos a ir por las noches a lugares donde te quemabas con 15 personas más a base de cubalitros. Donde creías que tú y los tuyos erais el centro del universo porque ya podíais hacer vida nocturna. Esas noches que no sabias bien porqué pero deseabas que llegaran de lunes a viernes. Las 15 personas juraban que estaríamos siempre unidos, que todo lo que hacíamos era grande, que las grandes fiestas perdurarían para siempre…

Ahora todo es diferente y nada es igual. Es algo que pienso desde hace tiempo: las 15 personas han desaparecido, pero me basta una sólo para compartir un café, mirarla a los ojos y descubrirla por dentro. No necesito accesorios, no necesito noches eternas, no necesito sentirme nada. Simplemente necesito sentirla a ella y aclararnos juntos dentro de este mundo. No necesito nada trivial, no necesito ser aceptado por todos. Simplemente quiero pedir la cuenta y ver en tus ojos el brillar de la plenitud. Gracias por el café, el domingo que viene podríamos ir a Ciutadella…

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  1. Neusetes
    mayo 8, 2006 en 10:30 pm

    Los que no fuman no sabran jamás donde te puede llevar la tranquilidad de un pitillo, su humo…

    Sabes tienes muxa razón, ¿cuanta inoncencia nos quita la experiencia!!Pero ahí creo yo está la mágia de la vida ( la putada es que no es nada fácil a veces, y tan simple otras, ehh).

    Aunque esa es precisamente la questión el racionarnos esa inocencia para tener simpre una poquita.

    Ejemplo a seguir, señores..

    Bona Nit.

  2. Merrick
    mayo 9, 2006 en 12:23 pm

    Yo también he estado pensando mucho últimamente sobre eso y.. No me gusta.
    No me gusta darme cuenta de que me estoy haciendo mayor y que, aunque siga siendo una joven, como todo el mundo dice, también hace nada tenía diecisiete años, ahora tengo veintitrés y mañana tendré treinta y tantos.. Y no quiero.
    A veces desearía poder volver a hacer las cosas que hacía antes, salir con los colegas en plan “cutre” y hacer un botellón con los vaqueros viejos que molan todavía, una chaqueta de entre tantas y las playeras, sentados en el suelo, sin importarnos nada el resto, cantar canciones de grupos a los que sólo nosotros escuchamos; me gustaría volver a nuestra cancha a jugar esos partidos de baloncesto con la desaparecida pandilla de 3º de BUP; esos días en la playa corriendo los unos detrás de los otros y haciéndonos aguadillas sin parar..
    Ahora todo es diferente, ahora siempre hay que ir a la última y los tacones no pueden faltar en el armario, ahora lo divertido es ponerse en plan “fino” y moverse muy delicadamente, como si fuera de cristal. Es una mierda, yo no quiero ser así.. Es un aburrimiento..
    Cuando le pregunto a mi madre si volvería a pasar por la adolescencia, me responde que jamás. Pues a mi me gustaría volver a nacer y morirme a los dieciocho para volver de nuevo a nacer y repetir de nuevo esos años de mi vida. Siempre me quedaré con eso, el mundo adulto que estoy conociendo la verdad es que no me llena tanto.

  3. mayo 9, 2006 en 1:12 pm

    El mundo adulto siempre es algo que has de saber gestionar. En mi caso, ya lo digo, hablar con las personas y conocerlas es lo que más me apetece. No hace falta más que un café, o unas cervezas como tú bien dices, y huir de las cosas triviales.

    Yo también cogía la guitarra y cantábamos canciones que solo nosotros escuchábamos. Aún lo sigo haciendo a veces.

    Si no te quieres mover en plan “fino” y no quires usar tacones, no lo hagas. Recupera los vaqueros viejos que molan todavía y no dejes de ser tú, por favor.

  4. P.
    mayo 9, 2006 en 2:10 pm

    Yo tengo treintaytantos.org, y la verdad, tampoco volvería atrás. Puede que cueste de aceptar al principio, pero siempre hay compensaciones.

    Sí, muy bonito recordar cuando uno tenía 2 años y sólo tenía que preocuparse de comer plastilina y decirle “caca” a mamá para que te cambiara, pero no todo son ventajas… (Vale, quizás he retrocedido un pelín demasiado, pero ayuda a pillar la idea) ;P

    Pero la vida adulta tiene sus pros (los contras los tenemos todos clarísimos): la independencia, personal, económica y de todo tipo. La estabilidad, que en pleno cambio hormonal no conseguirías ni por accidente. La libertad, la madurez, la paternidad… no sé, conforme pasa el tiempo te vas adaptando, dejando atrás el “complejo de Peter Pan” y encontrándole el gustillo a esto de “ser mayor”.

    Por no mencionar que anclarse al pasado nunca es bueno…

    Yo creo que el Raya lo ha resumido bien: qué bonito era ser joven, pero qué bien que estoy ahora 😛

  5. Kenrae
    mayo 10, 2006 en 11:55 am

    Yo no me quejo de la adolescencia que tuve, lo pasé bien en el instituto, pero no volvería por nada del mundo. Quizás es que siempre he sido muy independiente y me irritaba sobremanera no tener mi propio hogar, o que mis opiniones no se tuvieran en cuenta simplemente por mi edad, no por sí mismas.
    Eso sí, no dejo de ser yo mismo por el hecho de ser adulto, no voy a hacer algo que no me apetece hacer a no ser que lo considere una obligación. Vestir de cierta manera o salir por según qué lugares no entra dentro de mi lista de obligaciones y responsabilidades ;).

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