Cada paso que dábamos bajo la lluvia nos construía un poco más. Siendo sinceros con nosotros mismos es la única manera de ser conscientes de que podemos transformar el mundo con la yema de los dedos.
Siempre me ha gustado el final del verano, las nubes oscuras que dan paso al frío, el ambiente mojado en las calles. Siempre me ha gustado recordar desde el viento, desde las gotas dispersas, desde la mirada cansada de la reconstrucción. Lo mejor es tu disfrute cuando cuentas cosas divertidas y tu interés en contar cosas delicadas. Una mirada de atención dejaba salir el sol entre tanto negro del cielo.
Podríamos romper el mundo con una palabra, eso me hace estar cansado de tener miedo y tenerme miedo, ya no es momento de ser conservador, ya he pasado la barrera de la inseguridad. Como ya dije una vez, el miedo es el opio que nos impide tomar decisiones. Ya es tarde, jugaremos a tener el cielo mientras las horas y los días pasan sin que aparentemente cambie nada.
Simplemente hemos cambiado nosotros, todo, perspectivas que transforman lo que un día suponíamos correcto. Son las 22:50 de un domingo como otro cualquiera. El centro esta lleno de agua, mi ánimo está lleno de sol.
No volveré a quedarme de brazos cruzados mientras mi vida se abre a la nada.