Oí cerrar la puerta. Un año de vida se quedaba atrapada en esas paredes que han visto muchas cosas. Testigos de mis escritos, compañeras de mis alegrías, escuchando mis llantos, contemplando mis problemas.
Tú pasaste a mi lado mi último fin de semana en Madrid. Y tu sonrisa, tu mirada, tus caricias que me hacían sentir alguien, tus abrazos, tus besos, infinitos y dulces como los que más, tus palabras, el hacerme sentir especial en cada uno de los momentos que hemos tenido, mi propuesta de ir a verte y tu respuesta afirmativa. Una alegría más que me llevo de un Madrid que me ha dado mucho. Y tú no ibas a ser una excepción. Me quedo con las ganas de más, de verte de nuevo y saberte aun más. Saber a poco es algo muy positivo, lo que me motiva a continuar. Dices y haces las cosas de una manera que me fascina. Era un lujo oirte hablar de tus sueños y objetivos, un lujo que he tenido el placer de tener conmigo estos días.
Y cerré la puerta, y ya me viste como estaba, pero también me entristecía un poco el hecho de que marchaba y marchabas, hemos tenido este oasis enmedio del caos, un oasis que nos ha permitido ser nosotros y aprendernos todavía un poco más.
Melancolía en la estación, recuerdo de estos días en el coche, asimilar que mi vida en Madrid acabó y desear que la vida a tu lado no haya hecho más que empezar.
Eso es así.
Suena: Universos infinitos – Love of Lesbian