Aunque no sea yo, suena con energÃa en mi reproductor multimedia. Estoy rodeado de gente, pero me siento solo, en una ciudad que pretendo sea mÃa, en una vivienda que parece que es mÃa pero no lo es, con una vida que es mÃa, pero que quizás me gustarÃa que no lo fuera.
Y es que todo es azul depende del ojo con el que se mire. Muchas veces dicen que me envidian, pero ahora mis abrazos se los lleva el vacÃo, en este justo momento, cuando más lo necesito, mis manos se proyectan hacia la nada, porque la nada es lo que veo. Es como si hubiera agotado ya el expresar y recibir cariño. Es como si las sonrisas que un dÃa me llenaron se hayan esfumado y no tenga la más mÃnima oportunidad de hacer que alguien las disfrute.
SÃ, no estoy sólo, hago lo que quiero, tengo mi vida, muy bien, pero no. Carencia, siempre la carencia, llegó el invierno y siento el doble de frÃo que el resto. Me levanto y soy yo, me acuesto y soy yo, nunca un “nosotros”, jamás aquéllo que en su momento me hizo pronunciar la palabra “MAGIA” en voz alta y con convencimiento.
Era abrir los ojos y ver una silueta a mi lado, era cruzar la calle y pegar un abrazo, era quedar cada tarde y sentir el sol en dÃas nublados, era simplemente existir, respirar a dos bocas, sacar del bolsillo la más mÃnima e insignificante chorrada y sentir que coloreaba sensaciones.
Y no, no me compensa nada, no me compensa el todo, quiero querer, quiero que lean mi mente, que lean mis sentidos, mis miradas, como antaño ocurrió. Y no es nostalgia, es necesidad de compartir.
Y eso solo sabe lo que es el que carece de ello. Mis ojos lloran, voy a apagar el cigarro, supongo que será por el humo…
…supongo…